terrores nocturnos y pesadillas en bebés y niños
Las pesadillas y los terrores nocturnos en los bebés y niños pequeños son algo más frecuente de lo que crees… Y a pesar de que puedan parecerte iguales, no lo son.
La verdad es que el descanso del bebé es algo que nos quita el sueño, nunca mejor dicho. Conocer algunas claves sobre ventanas de sueño o regresiones del sueño en bebés y niños nos puede ayudar mucho. En nuestro caso, con Gabriela, nuestra tercera peque, hemos tenido incluso que recurrir a especialistas del sueño que nos configuraron un plan de sueño a medida para la peque.
Porque cualquier complicación nocturna deja huella en todos los miembros de la familia. No dormir ni descansar es agotador.  Es muy probable que si tu bebé sufre de pesadillas o terrores nocturnos, tú padezcas de sueño durante todo el día. Y, especialmente cuando estas alteraciones en el sueño del bebé se convierten en algo habitual, pueden llegar a convertirse en un verdadero problema.
Te contamos qué son, cómo se producen las pesadillas y terrores nocturnos, y qué puedes hacer en cada caso para aliviarlos.
pesadillas y terrores nocturnos

Terrores nocturnos vs pesadillas

Lo primero que tenéis que saber es que tanto los terrores nocturnos como las pesadillas son normales en diferentes fases del crecimiento. Por ello, es bastante frecuente encontrar niños que las sufran o que las han sufrido en algún momento de sus vidas.
Ambos trastornos del sueño te llevarán a levantarte en mitad de la noche pero la realidad es que son bastante distintos. ¿Por qué? Pues porque son provocadas por diferentes causas y además se producen en diferentes momentos de la noche. Es importante que aprendas a identificarlos porque la manera de afrontarlos también es distinta. Aquí tienes algunas características…
– En primer lugar, las pesadillas son más frecuentes que los terrores nocturnos.
– Los terrores nocturnos son episodios de gritos, miedo intenso y agitación corporal mientras el niño sigue dormido. Estos episodios de miedo muy intenso no se relacionan con ninguna situación en particular ni tampoco con lo que el bebé estaba soñando. Lo más normal es que el niño se duerma sin problema, pero al cabo de una hora su sueño se vea afectado por el pánico y el miedo. También se les conoce como «miedos del sueño» y pueden combinarse con el sonambulismo.
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– Los terrores nocturnos suelen afectar a bebés a partir del primer año hasta niños de 8 años. Las pesadillas, suelen ser más frecuentes en niños de 2 a 4 años.
– Los terrores nocturnos suelen aparecer en la fase no REM, que se corresponde con las primeras horas del sueño. En cambio, las pesadillas hacen su aparición en horas más tardías, durante la fase de sueño agitado o REM.
– Los terrores nocturnos acostumbran a durar de 5 a 15 minutos, aunque también es posible que puedan durar más. En todo este proceso, el niño te llamará, se despertará y parecerá estar entre medio dormido y medio despierto. Es posible que abra los ojos y entre sueños murmure, se encuentre angustiado, e incluso grite. En cuanto a las pesadillas, éstas pueden durar alrededor de diez minutos pero el peque se despertará enseguida.
– En cuanto a las causas, no se conoce con exactitud qué es lo que provoca los terrores nocturnos. Lo más frecuente en que se manifiesten tras un día de emociones o cuando el bebé tiene un exceso de actividad antes de acostarse. En algunos casos, también pueden aparecer tras episodios de fiebre.

Cómo actuar frente a terrores nocturnos y pesadillas

En la mayor parte de los casos, cuando un bebé o un niño sufre terrores nocturnos, lo más frecuente es que, a pesar de que lo intentes con todas tus fuerzas, no consigas despertarlo. Una vez ha pasado, el niño volverá a dormir plácidamente y al día siguiente, no recodará nada. De hecho no conviene despertarlo. Espera a que pase el terror nocturno esperando pacientemente a su lado y asegurándote de que el niño no se hace daño mientras se agita y está intranquilo.
Lo contrario sucede con las pesadillas, en las que es más fácil de despertar y al día siguiente es capaz de recordar el sueño. Si le preguntas puede que te conteste qué estaba soñando y con qué estaba teniendo esas pesadillas.
Lo mejor frente a terrores nocturnos es que no intervengas. Por propia experiencia os digo que algunos episodios de terrores nocturnos pueden resultar espectaculares con el niño chillando, llorando desconsoladamente con los ojos en blanco, dando patadas e incluso golpeándose… La primera vez que lo vi, ¡me asusté muchísimo! Parecía una escena de una película de terror. Ante estas situaciones, lo mejor es ser suave, intentar tranquilizar al niño y esperar a que acabe. Lo mejor de todo es que al día siguiente el niño no recordará nada de nada.
En cuanto a las pesadillas, éstas encuentran su razón de ser en las experiencias vividas por el niño durante todo el día, pero también en sus miedos y emociones. El niño entra en pánico, llora y se encuentra muy asustado. En este caso, sí que deberás intervenir, actuando con tranquilidad, hablándole con calma e intentando tranquilizarle…

Lo más importante es que le hables con mucho cariño e intentes adivinar qué es lo que le preocupa. A veces pensamos que por ser niños no saben de preocupaciones o miedos pero lo cierto es que los pequeños también tienen un gran mundo interior, con sus ilusiones, emociones y sentimientos.

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